23 jun. 2011

El arraigo de las desviaciones

Asomados al espejo de la recámara de los recién casados, no perdían detalle de la escena, hasta que La Voz los hizo desperdigarse corriendo:

—¡Miserables voyeuristas, ya les he dicho que dejen de espiar a los vivos!

No hay comentarios:

Publicar un comentario