20 abr. 2014

Defensas inexpugnables

- ¡Yo soy el amo de este mundo! ¡Aquí no existe más verdad que la mía!- volvió a declarar a voz en cuello. -¡Más vale que todos se enteren! ¡Y no me importa si están de acuerdo o no! ¡Nadie puede lastimarme aquí! Éste es mi reino y aquí mando yo, y si alguien me hace algo, lo paga. -declaró, contundente. -¡Lárguense, criaturas rastreras, lo único que quieren es someterme a ustedes! 
Los que pasan por ahí ven con curiosidad al patético ser, que desde un sórdido rincón, y dentro una celda que parece construída por él mismo, grita con hostilidad a todo el que se acerca.
Los que se aproximan más de la cuenta, no tardan en retirarse, entre confusos y divertidos, al ver que el ser se halla en una prisión con la puerta abierta de par en par. 

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