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5 jul 2011

Católica

—¡Una maldita mosca!

—Bendita —contestó el insecto—. Acabo de salir de misa.

4 jul 2011

En quiebra

 "La Biblia no puede modificarse, Su Santidad", le contestaron. Harto, convocó entonces un concilio urgente, para evitar que la fortuna de la Santa Madre Iglesia, siguiera siendo saqueada por los legítimos herederos de sus sacerdotes.

Vigilia

En el ombligo de la amante ocasional del cura quedó un poco de ceniza. Y es que había que inicar la cuaresma de manera adecuada.

3 jul 2011

Lecciones bíblicas

 "Poner la otra mejilla", recordó al correr a empolvarse, cuando le avisaron que en diez segundos estaría al aire.

Llegando al final

 "Nunca puedo escucharlas completas", pensó cuando las oraciones eran repetidas por la maestra de catecismo, un segundo antes de alcanzar el orgasmo en el confesionario.

30 jun 2011

Carta al purgatorio

Leonardo:

Como eres un genio de las matemáticas te preguntarás que haces ahí, si según tus cálculos ya has cumplido tu tiempo de penitencia. Pues bien, he hecho uso de mis influencias.  Te hemos perdonado el descuido para realizar algunas de tus obras dejándolas inconclusas, haber ideado máquinas de destrucción, tu enorme vanidad y el desmesurado orgullo, incluso el trato con cadáveres, tomando en cuenta que los resultados de esto último beneficiaron a muchos.
Lo que no te perdono es que durante siglos la humanidad ha estado intrigada con la figura a mi derecha en “La última cena”, derramando ríos de tinta acerca de su identidad. ¿Y yo? ¡En segundo plano por culpa de tus ambigüedades!

Lo siento. Sé que debo perdonar, pero me digo que fui hombre y tengo debilidades; algún día lo lograré y te traeré ante mi Padre. Mientras tanto, ten paciencia como la he tenido yo.

Jesús.

27 jun 2011

No todo lo que brilla es oro

Mira disimuladamente el trasero de la anfitriona envidiando a su marido, al tiempo que pide una tercera ración (a Dios gracias, la cena de hoy le ha salido gratis), mientras otro comensal pregunta:
—¿Y de qué se trató el sermón hoy, reverendo?
Contesta con ira, altivo y molesto por la interrupción a sus pensamientos, deseando mejor estar ya en cama para dormir hasta tarde:
—Enseñé a nuestra feligresía los siete pecados capitales.

Brilló por su ausencia

Confiando en la sencillez y perfección de su doctrina, regresó.

Observó boquiabierto la Santa Sede y las iglesias; el elaborado rito de la misa; los requisitos para
los “sacramentos” que todo mundo evita por módico pago; la manipulación de masas que realizan
sus “ministros” mientras, con toda naturalidad, violan los principios de castidad, humildad y
pobreza que Él nunca exigió; los vendedores afuera de los templos, la intolerancia a las
diferencias…

Decepcionado, descartó el Juicio Final por inútil y se mudó a otro universo.