30 jun. 2011

Coherencia

—Vas a decirlo porque yo quiero —ordena el autor.
—Claro que no. Eso no va con mi carácter y personalidad —contesta su personaje.
—Yo te di el carácter y la personalidad, sé de lo que hablo. Dilo.
— ¡Me niego! ¡Socorro, el autor me quiere hacer decir algo que va contra mi naturaleza!
—Cállate, nadie te oye, esto está escrito.
— ¿Qué pasa, señores? Guarden compostura—se acerca un segundo personaje.
—El autor quiere que diga... —el primero susurra al oído del otro.
—Con todo respeto, escritor, creo que lo está confundiendo conmigo —observa el recién llegado después de escuchar.
—Por supuesto que no. Yo sé lo que escribo.
—A ver —indica al reacio—, di lo que quiere que digas.
—Pero...
—Dilo, hombre, o nos estaremos aquí todo el capítulo.

El primer personaje obedeció a regañadientes. La oración, al ser formulada por él, se leyó tan inverosímil que la escena acabó en la basura.

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