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3 jul 2021

Indigestión

  El día de hoy todo era oscuro, cuando de súbito, el suelo de la ciénaga se abrió y llenó todo de luz. Vomitó las estrellas que se había tragado, y el mundo pudo volver a su estado original.

28 oct 2015

Quién es quién en noviembre

Para Alejandra Lara, que me embarcó en esta aventura de Día de Muertos. 

Al atravesar por el mercado de Azcapotzalco, la actividad lo distrae un poco de su reflexión. Piensa, sin mucha convicción, que sería agradable pasar una reunión tranquila y sin conflictos –cosa bastante difícil para cualquier familia tan numerosa–, pero el aroma de flores, comida y humo de carbón, y los gritos de los vendedores, le recuerdan que probablemente lo esperen tamales de todos tipos, la barbacoa que tanto le gusta, atole, mole negro de Oaxaca (tradicional en casa desde que uno de sus primos se casó con una muchacha de Salina Cruz), y si vino la familia desde Mérida, frijol con puerco, panuchos y hasta pib, esa especie de tamal tradicional yucateco. Se le hace agua la boca.
Al llegar, nota que hay bastante gente ya. Aquellos que llevaron niños, ya los han atendido y enviado a dormir, y son los primeros en servirse. De fondo, se oyen “Peregrina”, canción favorita de la abuela Aurora, y bromas acerca de las rimas pegadas en la pared que aluden a algunos finados, algunos vivos de la casa, y a uno que otro personaje famoso, y relatan de modo chusco cómo la muerte se los llevó, o bien, fracasó en hacerlo. Al acercarse a leerlas, nota el esmero y los distintos estilos de redacción, y juega consigo mismo a adivinar quién escribió cuál.
 La ofrenda de muertos es majestuosa: ocupa toda una pared de la vieja casa de estilo colonial venida a menos, de piso a techo y de lado a lado. Desborda color en el papel picado con motivos de flores y pájaros, monjes, carretoneros sombrerudos, parejas de calacas  bailando y la clásica catrina de José Guadalupe Posada, con su hermoso sombrero decorado con flores y plumas. Por delante del papel picado, enmarcando todo y salpicando aquí y allá, abunda el cempasúchil, el terciopelo y la nube, que compiten en aroma con todos los platillos que Alejandro esperaba encontrar (sí llegó la familia meridana), y que hay tanto para muertos –en la ofrenda– como para vivos –en la estufa y en la mesa de la cocina–.
Frutas de temporada se mezclan con alegrías, palanquetas, cocadas y mazapanes en platos de talavera. Tampoco olvidaron de la calabaza en tacha que Roberto (un primo segundo muy goloso) acaparará antes de siquiera voltear a ver qué más hay. Es evidente que no repararon en gastos para hacerla inolvidable. Su belleza, indiscutible, también radica en lo efímero de su existencia: una vez que se quite, no volverá a haber nunca otra exactamente igual.
Las fotos de los difuntos se encuentran todas juntas frente a un espejo. Ahí se pueden observar en el reflejo, además de varios finados por diversas enfermedades, a los bisabuelos Canché y a los Carrillo, todos ellos de la península de Yucatán, y que tuvieron la suerte de morir de viejos; al tío de Coatzacoalcos, que vivía cerca de la desembocadura del río, y murió en una explosión trabajando en Pemex; a la prima de Villahermosa, que mataron en un asalto en el que no quedó muy claro si fue víctima o asaltante, cosa que a nadie le gusta mencionar; a la familia entera (incluyendo tres niños), que falleció en un accidente de carretera, cuando iban de Matías Romero a Juchitán durante unas vacaciones de verano, y a Jorge, el mojado que encontraron muerto en el desierto de Arizona, después de varios días de no saber de él.
Para éste último es que no falta el pulque, porque le gustaba mucho. Si uno sabe que murió de sed, lo menos que se puede hacer es cumplirle un pequeño capricho. Pero también hay tequila y mezcal para todos, whisky para el abuelo Carrillo, cervezas, cigarros, rompope y hasta coca colas. Aunque toda la familia es diabética, los muertos ya no tienen que preocuparse por eso, así sea lo que se llevó a algunos de ellos al otro lado.
Por supuesto, alguien cuidó que no faltaran el agua y la sal, y hay mucho pan de muerto (de azúcar, a nadie le gusta el de ajonjolí). Las mujeres se han preocupado de encender el incienso, y acomodaron artísticamente las calaveras de azúcar y de chocolate, los muertitos de papel y cartón, y las calacas de papel maché, algunas de ellas tan grandes que están vestidas con ropas de verdad, pero con cuidado de que no queden cerca de tanta veladora, no sea que se incendie la casa y al rato también sus fotos decoren un altar.
De repente, empieza el alboroto. La verdad, se había tardado en empezar. Todos saben que Luis es muy necio cuando se emborracha, y que Ramón y Agustina no pueden verse ni en pintura, pero en estas reuniones no hay manera de evitar que se junten. Muchos están ya ebrios, y empiezan a tomar partido, a recriminarse los viejos sucesos de siempre que dejaron eternos resentimientos, motivo de las mismas repetitivas discusiones, y que tanto molestan a Alejandro. Pareciera que no hay modo de evitarlos, como si fueran parte obligada de cada celebración.
Se retira a una esquina, lejos de los gritos destemplados. Está deprimido. Cuando la muerte lo separó de su mujer, sintió un dolor tan intenso, tan insoportable, tan arrollador, que pensó que nunca terminaría. Alejarse así, de improviso y sin despedirse, de quien siempre consideró el amor de su vida, le quitó las ganas de existir. Poco a poco fue resolviendo su duelo, pero como todos sabemos, en estas fechas es inevitable revivir estas cosas y extrañar a los que no podemos abrazar.
De repente, sonríe. Un perfume conocido lo hizo volver la mirada. Por la puerta entra Amelia para echar un vistazo y verificar que todo esté en orden. Ella es la razón de que esté aquí. Únicamente necesita contemplarla un momento, un segundo, para ser dichoso una eternidad. Y sólo puede hacerlo hoy.

Satisfecho de aromas, borracho de flores y luz de velas, y feliz con la contemplación de su viuda, deja en su interminable pleito a todos los demás difuntos y emprende el camino de regreso a su tumba, en el panteón San Isidro. 

15 abr 2014

Pérdida inexplicable

Los agentes de la ley fueron sorprendidos por un extraño fenómeno: se les reportó que al arcoíris le faltaba el color amarillo. Lo buscaron exhaustivamente, sin hallarlo. Muy despacio, el arco incompleto fue desapareciendo de la vista, conforme anochecía. Esto no fue impedimento para celebrar la fiesta de disfraces del pueblo, en la que los ganadores del concurso fueron la familia de unicornios: lucían unos resplandecientes trajes de sol.

Sin salida

Las ratas blancas platicaban. Eran las vacaciones de Navidad, de manera que no había nadie en el laboratorio de Farmacología.
—Entonces, ¿crees que podremos? —dijo una de las más indecisas.
—Claro — contestó el líder—. Cuando reanuden las clases, estaremos todas fuertes y bien alimentadas. En cuanto abran la puerta de cualquier jaula, todas podremos atacar a la vez y escapar, pues no se esperarán eso de nosotros. Las que logren salir, abrirán las jaulas restantes. Y a ver con quienes hacen sus dichosos experimentos de la sustancia negra, sea lo que sea eso.
—De acuerdo —asintieron varias.
Al reiniciar las actividades, la vida siguió su marcha en la escuela de medicina: las ratas fueron llevadas en sus contenedores a probar un nuevo gas anestésico, con el que también fueron sacrificadas, para examinar después sus hígados. Nunca se abrió ninguna puerta.

15 abr 2013

Memorias


*Para E

Lo escribió cuando joven, y ahora me lo ha dado a leer. Su alma dañada, rota, asoma entre las páginas. Lágrimas de sol, lluvia, luna, arcoiris y viento brotan del texto.

La tarea es extenuante, pero la acometo con amor: todas las noches me robo algunas estrellas para ir corrigiendo letra por letra.

1 mar 2012

Trabajo estéril

Este terreno es difícil de perforar. Se coloca casco, lentes de seguridad y guantes, e inicia. Prueba varias veces en distintos lugares.
Mucho rato después y con la probóscide torcida, el mosquito desiste. Ya encontrará otra víctima, una que no tenga enfermedades de la piel.

Competencia de miradas

Se observan fijamente. Los separa una breve distancia, que la salamandra acorta poco a poco, sin romper el contacto visual.
Gana la mosca. ¿Su premio? Ser digerida rápidamente.

Inconsciente dual

Su amor fue un secreto tan bien guardado, que ni ellos supieron de su existencia.

25 nov 2011

Misión imposible

 "¡A pique! ¡A pique!" gritan los demás fantasmas con entusiasmo. "No todos los días se ve un espectáculo semejante", piensa mientras apunta cuidadosamente al Mary Celeste.

27 ago 2011

Instantánea en la Tierra

Le parece que algo no cuadra, se ven diferentes. Ah, sí, eso es: al posar, de alguna manera, los ángeles han perdido las alas, y los demonios, los cuernos.

26 ago 2011

Mnemotecnia fallida

Las bodegas repletas de uranio no redituaron nada. Cuando llegó a negociar el precio, le corrigieron: "Te dijimos plutonio, güey, plu-to-nio...".

8 ago 2011

Fuego amigo

Aunque su madre le dijo que no, que Santa Claus no encontraría a su papá en “la bola”, él confiaba que aún en plena guerra de Revolución pudiera traerlo, así que rezó con todas sus fuerzas por ello.
El día de Navidad, junto al árbol, en una caja muy bonita y vestido con sus mejores galas, halló el cuerpo frío y rígido de su padre.

Pierna envinada

¿Qué les diría a sus hermanos? ¿Qué aparte de que Santa Claus no existía, tampoco habría cena de Navidad? Trabajaban todo el día, como lavacoches, como vendechicles y como payasitos, ¿y ni siquiera cenarían, ya no pavo o esas cosas de ricos, sino lo que fuera?
Llegó el padrastro, con una botella mediada en la mano (pagada por ella y sus hermanos, claro), y por su caminar, no era la primera. Le pasó la mano por el busto incipiente y la jaló, seguramente para hacer con ella lo que siempre había hecho desde que tenía seis años, desde que su madre huyó. Pero esa noche, estaba harta. Una rebeldía imprudente y decidida se apoderó de ella. Estaban en la cocina, y su mano se cerró sobre un objeto duro antes de que el ebrio se diera cuenta…
Esa noche cenaron pierna envinada, y Santa Claus, sin advertirlo, se llevó al padrastro en el camión de la basura.

27 jul 2011

Infinito

La dirección es correcta, pero ahí no hay mas que una escalera de caracol que asciende en un edificio que, de puro viejo, parece que se desvanecerá en un suspiro. Sube y sube, hasta que se pierde de vista. En algún momento, espera encontrar a alguien que le dé razón del anuncio: "Se solicitan vigilantes. No más paro, trabajo seguro para el resto de su existencia. Su contrato durará una eternidad.".

Imagen: gremlin

13 jul 2011

Tsunami

"Pero si lo único que hice fue mover una roca" pensó el gremlin, al enterarse de la emisión de la alerta.

5 jul 2011

Colisión

Un hilillo rojo en el agua del mar era todo lo que quedaba de aquel magnífico barco de guerra, una vez que el escándalo terminó con su paciencia. Satisfecho, el cangrejito se acostó a dormir.

Obsesivo compulsivo

Sus últimas ataduras al mundo persisten. ¿Cómo carambas se olvidó de apagar la luz de la cocina?

De campeonato

"Lanzamiento de plumas" es el nombre del evento. Los ángeles se preparan, buscando entre las suyas, la más aerodinámica.

Contraproducente

Había deseado ser sirena desde que descubrió cómo se aparean los peces. Se le olvidó que también pueden cambiar de sexo.

Ser o no ser

Ellas mismas no estaban seguras. Él era el hombre indicado, pero ¿para cuál de todas?