30 jun. 2011

Cuento histórico

—Toda Florencia podrá comparar. Estos desnudos son perfectos. Claro que no tienen la belleza de la escultura, aunque ese idiota piense que es sucia y polvorienta. Se siente aristócrata y no es más que un bastardo. Oh, esa raya no iba ahí... bueno, será la orilla del Arno —pensaba Miguel Ángel.

—Por supuesto que soy mejor. Hay que ver la fuerza expresiva en estos caballos. Tal vez sea una buena jugada alabar el trabajo de ese picapedrero. ¿Artista? No sabe ni vestirse correctamente —se dijo mentalmente Leonardo.

Al final, destinados a la sala del Gran Consejo del Palazzo Vecchio, del lado derecho los soldados desnudos emergerían del Arno para luchar en la Batalla de Cascina; del izquierdo, las armas de los jinetes florentinos ganaban el estandarte en la Batalla de Anghiari. Ambas, según Benvenuto Cellini, mientras estuvieron intactas fueron la escuela del mundo.

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