3 jul. 2011

No hay peor sordo...

En la sala de Urgencias, un hombre muy serio de aspecto respetable e inmaculada bata blanca, habla con la acongojada madre:
—Señora, su hijo está muy grave. El golpe que tuvo lastimó mucho su cerebro. Hay muy pocas probabilidades de que sobreviva.
—¿Lo van a operar para que se ponga bien? —pregunta con un hilo de voz.
—Desafortunadamente, ninguna de las lesiones que tiene se puede tratar con cirugía. Por eso está ya en Terapia Intensiva, pero su vida está en serio peligro.
—Ahí lo van a poner bien ¿verdad, doctor? —argumenta esperanzada.
—Señora, necesito que entienda que su hijo está en peligro de muerte, y usted y su familia deben estar preparados, porque en las próximas horas cualquier cosa puede ocurrir. Deben pensar también en la decisión de donar sus órganos en caso de que la situación se presente…
—¡Se va a poner bien! Gracias por todo, doctor, yo sé que se va a poner bien. Voy a decírselo a los demás —dice sonriente con la confianza pintada en su rostro.

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